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¿Qué es un testamento?

I. Introducción

Muchas personas, cuando ven aproximarse el ocaso de su vida, desean disponer de sus bienes de manera libre y de la forma que estimen conveniente. Nuestra legislación, con la finalidad de entregar dicha posibilidad, contempla la figura del testamento. El Código Civil en su artículo 999 dispone que el testamento “es un acto más o menos solemne, en que una persona dispone del todo o de una parte de sus bienes para que tenga pleno efecto después de sus días, conservando la facultad de revocar las disposiciones contenidas en él, mientras viva”.

La palabra testamento etimológicamente deriva de la expresión latina testatio mentis, que quiere decir “testimonio de la voluntad”, siendo el testamento, en efecto, la última voluntad de quien lo otorga.

II. Características del testamento

  • Acto jurídico unilateral. El testamento es un acto jurídico porque es una declaración de voluntad llamada a producir efectos jurídicos; y es unilateral, porque para nacer a la vida jurídica, requiere de la sola voluntad del testador.
  • Es un acto solemne. El testamento es siempre solemne, ya que exige solemnidades objetivas, establecidas en atención al acto en sí mismo.
  • Es un acto personalísimo. En el testamento interviene una sola persona. Esto trae como consecuencia que no se acepten los testamentos mancomunados o conjuntos (aquellos otorgados por dos o más personas); tampoco cabe en él la representación jurídica, ya que el artículo 1004 del Código Civil, dispone: “La facultad de testar es indelegable”.

III. Objeto del testamento

El testamento tiene por objeto fundamental, aunque no único, disponer de los bienes del testador, ya sea de forma total o parcial. Si bien es el objetivo fundamental, pueden existir testamentos en que no se disponga de los bienes del causante, sino que la finalidad de su otorgamiento sea otra, como por ejemplo nombrar un albacea o reconocer un hijo (artículo 187, 4º del Código Civil).

Es importante señalar que el testamento es esencialmente revocable, esto es, que puede ser dejado sin efecto por la sola voluntad de quien lo otorgó. El testador conserva así la facultad de revocar las disposiciones contenidas en él, mientras viva. Hay que tener presente, además, que sólo son revocables las disposiciones testamentarias, mas no las declaraciones. Como consecuencia de lo anterior, el reconocimiento de un hijo hecho por testamento queda firme, aunque con posterioridad éste sea revocado. La facultad de revocar el testamento es de orden público, y es por esto que el artículo 1001 del Código Civil no reconoce valor a ninguna cláusula testamentaria que signifique entorpecer la facultad de revocación.